Día 2 – Novena de Navidad

Oh Sabiduría, oh Palabra de Dios, con tu fuerte y tierno cuidado tu gobiernas toda la creación. Ven y muestra a tu pueblo el camino a la salvación.

En preparación al nacimiento del Verbo hecho carne estamos invitadas a experimentar un nuevo nacimiento junto con el universo entero. Para construir una actitud de solidaridad con la naturaleza estamos llamadas a ser más conscientes de que toda la creación es preciosa a los ojos del Señor. Tratamos nuestro medio ambiente como un semejante que debe ser amado, protegido, conservado y cuidado. Amamos y tratamos nuestro ambiente con el toque del amor de nuestro Dios. Construimos una nueva solidaridad y ampliamos el círculo del amor con la naturaleza que ha sido manipulado. Nos esforzamos para que en verdad experimentemos al Emmanuel, para hacer que la tierra vuelva a ser una digna morada del Emmanuel, el Dios con nosotros.

 

UNA HISTORIA

Gunarti una mujer de Sikep que defiende las montañas en el norte de Kendeng

Las montañas de Kendeng se extienden desde la Regencia de Tuban en el Este de Java hasta Rembang, Gorbogan, Pati y las de Regiones Kudus en Java Central. Durante miles de años ellas han provisto a la gente del lugar con abastecimiento de agua potable y para el uso en la agricultura. Actualmente se encuentra en una situación de emergencia debido a la amenaza de explotación de una industria cementera que pone en peligro su sustentabilidad. El pueblo ha protestado pacíficamente de diferentes maneras para que la administración del gobierno local se preocupara por la sustentabilidad de las montañas pero no fueron escuchados. Irónicamente, más y más permisos fueron concedidos para la explotación de las montañas. Es imposible para la gente del lugar vivir sin agua. Las montañas de Kendeng sirven como depósito de agua. Además, hay muchos lugares históricos y culturales que deben ser preservados con el fin de asegurar la continuidad de la vida en el presente y en el futuro.

Gunarti, una simple mujer de la tribu Sikep,  vive en la zona de las montañas de Kendeng. Como verdadera agricultora, tiene un fuerte apego a la naturaleza. Ella ve la tierra como una madre generosa que alimenta continuamente a sus hijos. Para Gunarti preocuparse por la naturaleza es cuidar la vida, destruirla significa destruir la vida.

Imaginando el caos que podría ocurrir Gunarti no permaneció en silencio. Su instinto maternal no le permitía ver a la madre tierra herida. Para ella, la tierra no es una mercancía sino un don de Dios, un espacio sagrado. Luego, esta mujer amante de la tierra, voluntariamente caminaba o iba en bicicleta cada día, incluso de noche, a la aldea de la zona montaña de Kendeng. Continuamente, visitaba de una casa a otra, de un campo a otro, tratando de convencer al pueblo para que no vendieran su cultivo de arroz y su tierra. Su lucha tuvo buenos frutos. Cada vez más los habitantes se unieron a la campaña rechazando la presencia de la fábrica de cemento.

Como madre no podía imaginar el sufrimiento que causaría a sus hijos la presencia de la fábrica de cemento. Incluso cuando estaba embarazada continuaba su lucha junto con el niño en su vientre. Ella subía y bajaba las montañas, viajaba en camiones para ir al palacio de justicia, se reunía con los responsables de la toma de decisiones, y organizaba a sus amigos para continuar la lucha por la integridad de la creación en las montañas de Kendeng. Cuando nueve manifestantes de la planta de cemento fueron acusados y encarcelados por estar en contra del gobierno, Gunarti mantuvo vivo el espíritu de sus esposas. Las amenazas iban y venían, pero su espíritu nunca se apagó. Incluso pidió a su familia que aceptara de todo corazón lo que pudiera ocurrirle, aunque implicara la muerte.

Una vez que la construcción de la planta de cemento en su zona fue cancelada, ella no descansó y disfrutó del fruto de su lucha. Por el contrario, se movilizo hacia las otras cuatro zonas animando a las mujeres a continuar su lucha. Su presencia tranquila transmitía paz y fuerza a las otras mujeres de las cuatro zonas que, como señal de protesta, fueron a vivir bajo carpas en el bosque durante dos años y medio con la esperanza de detener la construcción plantas cementeras en sus aldeas.

Ellas protestaron durante diez años, pero sólo una fábrica de cemento se retiró. Otras cinco plantas de cemento, local y extranjero, intentan aún excavar las montañas de Kendeng. No obstante tengan que enfrentarse a fuerzas gigantes, sus corazones no desaniman. Gunarti y sus amigas están convencidas de que la Madre Tierra estará de su lado.

 

ORACIÓN

Señor Uno y Trino, comunidad preciosa de amor infinito, enséñanos a contemplarte en la belleza del universo, donde todo nos habla de ti. Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que has creado. Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe. Dios de amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu ternura por todos los seres de esta tierra, porque ninguno de ellos está olvidado ante ti. Ilumina a los dueños del poder y del dinero para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles, y cuiden este mundo que habitamos. Los pobres y la tierra están clamando: Señor, tómanos  con tu poder y tu luz, para proteger toda vida, para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino de justicia, de paz, de amor y de hermosura.

 

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