Algunas de las declaraciones más innovadoras y transformadoras del Concilio Vaticano II están contenidas en el documento «Nostra Aetate” sobre las religiones no cristianas. Refiriéndose a las principales religiones, el documento dice: «La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres…” (NA 2).

En su reflexión sobre el tema de la fe y la verdad, un comentarista espiritual escribe: «Cuando buscamos lo más verdadero en nuestra propia tradición, descubrimos que somos uno con aquellos que buscan lo más verdadero en su tradición. Hay un punto de convergencia donde nos encontramos y nos reconocemos mutuamente como buscadores del despertar” (James Finley).

Intercesiones

Enciende en cada una de nosotras el fuego de tu amor,

lleva sobre tus alas las oraciones de todos los hombres y mujeres

que anhelan la verdad que nos libera.

Ven, Espíritu de Dios.

 

Camina con nosotros por los caminos de la vida;

abrázanos con la amistad de Tu amor;

quita las barreras que nos separan

y haz que recemos juntos en espíritu y en verdad.

Ven, Espíritu de Dios.                                                                                                                                                                        

 

Reúne a todos los pueblos

E introdúcenos en el misterio de tu vida.

Enséñanos a través de las oraciones de los demás

que Tu eres Dios y no hay otro.

Permítenos juntos alabar Tu nombre por siempre.

Ven, Espíritu de Dios.