Al reflexionar sobre la comunión con las mujeres, nos dirigimos primero a María de Nazaret, quien nos da el ejemplo tierno y valiente del discipulado. En la Alegría del Evangelio, el Papa Francisco afirma: «Cada vez que miramos a María, volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles, sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos » (Lc 1, 52-53) es también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su corazón«(Lc 2:19). María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles (EG. 288).

 

Oración por las mujeres de todo el mundo– B. D’Arcy.

Con Miriam, quien con Moisés y Aarón condujo al pueblo de Israel escapar de Egipto;

Con Débora, quien juzgó al pueblo Israel en verdad y justicia;

Con Rut, quien fue un ejemplo de fidelidad;

Con María Magdalena, quien fue la primera en anunciar la buena nueva de la resurrección;

Con Febe, diaconiza y líder de la Iglesia primitiva;

Con Priscila, que trabajó con Aquila al servicio de Cristo;

Con Tabita (Dorcas), que se pasó haciendo el bien y ayudando a los pobres;

Con María, la madre de Jesús, quien dijo «sí» sin vacilar.                                                                                                                

Con estas nuestras hermanas,

Pidamos por las mujeres de todo el mundo que ven a sus familias divididas, a sus hijos tristes;

Pidamos por las mujeres que, contra viento y marea, crean un buen lugar para que vivan sus familias;

Pidamos por las mujeres que, cuando se ven tentadas a darse por vencidas, encuentren nuevas fuerzas de sus hermanas y continúan. Amén.