Durante el simposio en línea sobre la misión, de cinco días de duración, celebrado por SEDOS (Servicio de Documentación y Estudio sobre la Misión Global) del 11 al 15 de octubre, se abordaron prácticamente todos los aspectos de la misión. Misión» es un término que puede incluir y abarcar casi todo bajo el sol.  Incluso cuando decimos nuevas tendencias o temas emergentes, prácticas innovadoras, en un análisis más profundo nos damos cuenta de que no es todo tan nuevo, ni todo tan fresco lo que está surgiendo.

Estamos en octubre, que es el Mes de la Misión, y este penúltimo domingo es el Domingo de la Misión. Octubre es también un mes en el que celebramos algunos santos muy populares y cada uno de ellos nos presenta un enfoque particular sobre la misión, y juntos pintan un cuadro completo. El mes de octubre nos presenta un banquete de modelos misioneros, poniendo ante nosotros, como lo hacen, diferentes rostros de la misión, del ser misionero y del hacer misión. Veamos algunos de ellos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santa Teresa de Lisieux (1 de octubre), considerada la «patrona de la misión», que nunca dio un solo paso fuera de las cuatro paredes del Carmelo, se convirtió en un modelo de misionera por su «pequeño camino». Su vida nos dice que el éxito de la misión no es sólo el gran producto final, sino también cada pequeño paso que damos en el camino.

San Francisco de Asís (4 de octubre), tenía un enfoque muy diferente de la misión. Por su testimonio personal y por la vivencia radical del discipulado, se convirtió en un misionero ejemplar. En él vemos que la misión es testimonio y profecía.  A él se le atribuye este dicho: Predica, predica siempre; si es necesario, usa palabras.

Santa Faustina (5 de octubre), hoy muchos hablan de la misión como compasión. Santa Faustina consideraba que su misión era difundir la misericordia de Dios.

San Juan XXlll (11 de octubre). En este santo vemos la misión como liderazgo y visión, buscada con fe, valor y humildad. El recordó a la Iglesia que la misión no es una realidad estable y de una vez para siempre, sino que necesita renovación, evaluación e introspección como Iglesia y como congregaciones.

Tenemos en San Juan Pablo II (22 de octubre) un modelo misionero bastante diferente. Viajó mucho, se encontró con pueblos de todas las culturas y países y fue muy popular y visible en su alcance misionero. La misión es el testimonio libre, intrépido y visible del amor y la compasión de Dios.

Santos Juan de la Cruz y Teresa de Ávila (14, 15 de octubre): Ellos representan el aspecto contemplativo de la misión, el lugar de la oración y del sacrificio para llevar a cabo la misión con eficacia.

Creo que es muy significativo que nuestro fundador, el P. Arnoldo y José Freinademetz hayan sido canonizados en octubre, en el mes dedicado a la misión de la Iglesia. Estos dos santos se sitúan en polos diferentes como misioneros:

La comprensión y el enfoque del P. Arnoldo sobre la misión incluían la planificación, el estudio, el envío, el mantenimiento de una vez por todas correspondencia, el interés por otros pueblos y culturas a través de los medios de comunicación, la promoción de la misión doméstica y extranjera mediante la creación de institutos religiosos/misioneros. Tampoco él dio un solo paso físico en dirección a las misiones extranjeras.  La suya era una mente abierta y en expansión en la conciencia misionera. Podemos ser misioneros incluso desde nuestros escritorios.

En contraste, en San José Freinademetz y en San Daniel Comboni, que fueron canonizados junto con nuestro Fundador, vemos una forma diferente de ser misioneros. La suya fue una vida gastada por el pueblo de China y por el pueblo de Sudán respectivamente; una vida gastada en medio de la gente compartiendo sus sueños y necesidades.  Representan el carácter concreto y específico de la misión.

En definitiva, este breve viaje por el mes de octubre afirma el hecho de que no dejamos de ser misioneros ni por un momento. La misión lo abarca todo. Hay un amplio abanico de comprensión, y formas aún más amplias de participar en la misión de Dios.  Dependiendo del tiempo y de las circunstancias, el enfoque puede cambiar, pero lo invariable en la misión es Misio Dei – misión de Dios. Es importante comprender su profundidad y significado. Toda misión es la misión de Dios. Tú y yo participamos en la misión de Dios.  Cuando vemos la misión como una participación en la misión de Dios, nos ayuda a deshacernos de las iniciativas centradas en el ego. Por eso, ningún acto es demasiado trivial para Dios. Como dijo el propio Jesús: si alguien te da un vaso de agua fría, pues… Como dijo una vez un pastor del círculo ecuménico: la misión es ver lo que hace Dios y hacerlo con Dios.  Por eso estamos siempre en misión.

La misión es el gran paraguas bajo el cual todas nuestras actividades, experiencias, encuentros y sufrimientos adquieren un valor evangelizador. Cuando entendamos esto, no institucionalizaremos la misión en coordinadores y animadores.

El tema de la Jornada Mundial de las Misiones 2021 de este año, «no podemos callar lo que hemos visto y oído» (Hechos 4:20), muestra que la misión surge de una experiencia clara y convincente de Dios y de un deseo igualmente fuerte de comunicar lo mismo a los demás.

La misión se convierte cada vez más en un acto de compasión, de curación de las heridas y de ofrecimiento de esperanza a los que sufren y no tienen esperanza. Una de las llamadas más significativas de la misión hoy en día es la de ser inclusivos, abriendo puertas, mentales e ideológicas, aceptando y respetando las diferencias de puntos de vista, miradas y valores. Por último, si buscamos una misión «nueva» y «creativa» y «orientada al futuro», no podemos permitirnos hacerlo sin tener en cuenta a los jóvenes.

 

 

La Hna. Mary John Kudiyiruppil, SSpS es de la Provincia India Sur
y está en el Equipo de Liderazgo Congregacional desde 2014.
Trabajó como Secretaria de Misión Congregacional de 2003 a 2010
en Roma y después hizo su doctorado en Misionología en Pune, India.