El domingo por la mañana, María Magdalena camina hacia la tumba, abrumada por el dolor y miedo provocado por la espantosa serie de hechos que comenzaron la noche del Jueves Santo. ¡Ella llega y encuentra la tumba vacía!

En aquel momento, se siente profundamente conmovida y para su sorpresa, en la puerta de la tumba, se encuentra con su amado Maestro, ¡que está vivo! El la llena de la alegría y la esperanza de una nueva vida. Esta alegría pascual la impulsa a correr para proclamar, con todas sus fuerzas, la Buena Nueva de esperanza a sus compañeros discípulos que aún están paralizados por el miedo y la tristeza.

Aunque respondan con muchos dudas y preguntas, ellos también corren a presenciar los signos de vida en la tumba vacía.

De una u otra forma, desde el comienzo de la pandemia, todos experimentado el dolor de la pérdida, miedo y vacío. La Pascua viene con el mensaje de que “La esperanza nunca falla”. Dondequiera que estemos y hagamos lo que hagamos, estamos llamados a ser las

María Magdalena de nuestro tiempo; ser valientes y proclamar que Cristo está

vivo, incluso, y especialmente, en medio del dolor y el caos. ¡Que la luz de la Pascua llene de alegría y esperanza el corazón de todas las personas!