Del 5 al 10 de noviembre de 2017, el Consejo de Delegados de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) se reunió en Manila, Filipinas.  La reunión se centró en el tema de «construir comunidad en un mundo intercultural». Una de nuestras hermanas SSpS fue una persona de las conferencistas: Hna. Eden Panganiban. El siguiente es un extracto del artículo publicado por Global Sisters Report sobre el evento.

La Hna. Eden Panganiban, que ha ocupado varias responsabilidades de liderazgo con las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, presentó una visión general de los cambios culturales dentro de la congregación y un proceso de aculturación que la comunidad de la Provincia Norte de Filipinas utiliza para acoger a las hermanas de otros países.

Por ejemplo, las Misioneras Siervas del Espíritu Santo fue fundada en Alemania hace 128 años y, hasta hace 15 años, las alemanas era el grupo más grande de la congregación. A finales de 2016, de los 3,045 miembros de la congregación, las indonesianas era el grupo más grande, con 763 hermanas (25 por ciento), seguido por las indianas con el 13,6 % y las alemanas con el 11 %. En las 427 comunidades de las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, representando a 51  nacionalidades, con sede en 49 países de todo el mundo.

La Provincia de Filipinas Norte ha recibido 100 hermanas en los últimos 10 años, la mayoría de otras comunidades de Asia que van para los estudios universitarios, cursos de formación, para aprender inglés o para la experiencia misionera transcultural. Actualmente, las 162 hermanas de la provincia son de 12 naciones, y las indonesianas y vietnamitas son las más numerosas.

Son fundamentales la actitud y la capacidad de comunicación

Aunque el proceso de integración es fluido, Panganiban dijo que existen cuatro partes distintas para el proceso dependiendo de las necesidades, el dominio del idioma y la experiencia de una persona. Los primeros dos pasos brindan información básica a través de las sesiones formales o intercambios informales sobre la comunidad y entrenamiento de sensibilidad para apreciar las diferencias  culturales. Un tercer paso es la integración guiada, o «aprender haciendo», el cual ayuda a fomentar un sentido de pertenencia y aborda el choque cultural. El paso final es obtener dominio del idioma local, lo que facilita la adaptación y mejora las habilidades sociales.