¡Hoy me entrego a Ti, con todo lo que yo soy; Te doy mi vida entera, la historia mejor… porque apasionada estoy de Tu Misión!”

Con estas palabras, cantadas por la Hna. Clara, en nombre de la «comunidad en movimiento» de Grecia, un viaje estaba terminando y comenzaba uno nuevo. El 9 de mayo, el personal del JRS, los voluntarios y, sobre todo, las bellas sonrisas de los refugiados adultos y los abrazos y besos de sus hijos pequeños nos recibieron en Atenas. Ellos habían ayudado a preparar y limpiar nuestra casa, que está justo en el tercer piso del edificio JRS Grecia.

Representando a la zona Euro, Hna. Anna-María Kofler y yo, acompañamos a nuestras hermanas Ada, Rastislava y Clara, al entrar a una nueva realidad llena de alegría y entusiasmo. Con una gran pasión, habían aceptado dejar lo conocido… y abrazar lo desconocido, para el servicio de los más vulnerables entre los refugiados en Grecia.

Durante este tiempo juntos, todos sentimos que el nuevo Sueño se estaba haciendo realidad, ya que fuimos testigos de la alegría de las Hermanas, del personal del JRS, de los voluntarios y de todos los refugiados que conocimos; y hoy (15 de mayo), con los ojos llenos de lágrimas, y nuestros corazones llenos de gratitud, dejamos la nueva comunidad en Atenas… sintiendo, al mismo tiempo, que no los dejamos; en cambio, trajimos a cada uno en nuestros corazones. Ellas nos representan a todas nosotras, SSpS, ofreciendo sus manos, sus pies, sus voces, sus corazones a aquellos, cuyas vidas tocaran allí… ¡y, sí, en tan poco tiempo, hemos presenciado tanto sufrimiento en Atenas!

Al mismo tiempo, durante estos días juntos, hubo tantas experiencias de amor y cuidado el uno por el otro, tantos momentos de compartir la fe y la vida y la alegría… y fue un regalo también, tocar un poco más la realidad de los refugiados. ¡Fue realmente un tiempo bendito!

Y volvimos con un fuerte sentimiento de gratitud hacia nuestro Dios amoroso, porque nuestras tres hermanas Ada, Rastislava y Clara revelaron estar verdaderamente «enamoradas de la misión de Dios», como Clara cantó ayer.

María José Rebelo, SSpS