Durante la misa de apertura del 15º Capítulo General, el Superior General de la Sociedad del Verbo Divino, P. Budi Kleden, compartió su reflexión sobre el tema del Capítulo General. Aquí publicamos la homilía en su totalidad.

Estimadas Capitulares, hermanas, y hermanos,

«Inmersas en la vida de la Trinidad, transformamos el mundo con compasión». Este tema, elegido para su Capítulo General antes de la pandemia de COVID-19, se ha vuelto aún más actual y relevante en esta crisis que estamos viviendo. Una crisis que ha puesto de manifiesto el quebrantamiento y la fragilidad de nuestras obras y sistemas humanos. Pero, al mismo tiempo, nos abre los ojos para ver la urgente necesidad de transformación y nos llama a hacer nuestra parte de forma responsable.

Estamos inmersos en la vida de la Trinidad si dejamos que la Trinidad se sumerja en nosotros, nos forme y nos transforme. De este modo, podemos participar en la transformación del mundo con compasión. El Capítulo General es un tiempo especial para sumergirse en la vida de la Trinidad, como personas y como comunidad capitular. Juntas, buscan la voluntad de Dios para la Congregación. Es también una oportunidad única para sumergirse profundamente en la realidad de la Congregación que es mucho más próspera, amplia y colorida que la realidad de su provincia o región. También es una oportunidad privilegiada para sumergirse en la realidad de nuestro mundo actual.

Antes de que nos sumerjamos en la vida de la Trinidad, la Trinidad se sumerge en nuestro mundo para transformarlo con compasión. Y Dios nos llama, nos capacita y nos lleva con él para que nos comprometamos con la creación, la historia y la realidad de los oprimidos y los pobres. Quiero subrayar estas tres inmersiones y tres conversiones relacionadas.

La inmersión en la historia

Dios es el Señor de la historia. El Dios Trino está presente en la historia, es decir, en nuestra historia personal, en nuestra Congregación y en la Iglesia, en la historia de nuestro pueblo y de la humanidad. En la primera lectura, Dios se presenta como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de los antepasados de Israel. El Dios Trino es el Dios de Arnoldo Janssen, Helena, Hendrina y la generación fundadora. Si rastreamos cómo Dios ha estado presente en nuestro camino como religiosos y religiosas misioneras, si miramos hacia atrás y vemos cómo Dios ha guiado a nuestras congregaciones a través de diferentes períodos, y si recordamos cómo el Dios Trino ha sido fiel a la Iglesia a pesar de todos los escándalos, seremos capaces de dejarnos conducir a una conversión espiritual, la conversión del Espíritu, la conversión a la libertad del Espíritu.

La historia nos dice que la fidelidad a la visión original exige estar dispuestos a cambiar. Sin embargo, aferrarse a ciertas prácticas, formas de pensar y hacer las cosas, a estructuras y posiciones es una tentación en la vida religiosa misionera. Necesitamos las estructuras, las casas y los sistemas. Sin embargo, es esencial dejar siempre que el Espíritu sea el Espíritu, siendo el principio de la libertad y la creatividad. Nuestras estructuras pueden convertirse en espíritus impuros cuando nos mantienen aprisionados en nuestras preocupaciones y hábitos. Si nos volvemos inamovibles en el Espíritu, nos convertiremos en un obstáculo para que la gente se acerque a la alegría de la vida religiosa y la vocación misionera. Impedimos que la gente se encuentre con el Dios sanador, como los apóstoles que dijeron: «¡Dile a esa mujer que se vaya, porque viene gritando detrás de nosotros!».

La conversión espiritual nos ayuda a redescubrir el brillo de la fidelidad creativa. La fidelidad creativa nos permite vivir el carisma de la generación fundadora en algo siempre nuevo, fresco y actual. Se convierte en un sí rotundo y en una verdadera Buena Noticia para nuestro mundo de hoy. Nos inspira a crear relaciones que dan vida. La mujer del Evangelio volvió a su casa y encontró a su hija con buena salud. La conversión espiritual nos permite colaborar con los demás para que nuestras comunidades sean más sanas y transformen el mundo con compasión.

La inmersión en la realidad de los oprimidos y los pobres

Las lecturas nos presentan cómo el corazón de Dios late por los oprimidos y los pobres. En la primera lectura, Dios ve el sufrimiento del pueblo. Dios escucha su clamor, elige y da poder a Moisés para que empiece a transformar la realidad opresiva de los israelitas. El salmo responsorial nos invita a alabar a Dios por su intervención para liberar a los oprimidos. En el Evangelio, Jesús entra en diálogo con una mujer sirofenicia y escucha su clamor. Jesús no separa a las personas según la religión, el nivel de fidelidad o el género. Quien se sumerge en la realidad de los oprimidos y de los pobres cambia formidablemente las categorías habituales de juzgar a las personas. Ante el sufrimiento de los oprimidos y los pobres, se nos recuerda la dignidad común que compartimos con los demás. Escuchar el grito de los pobres y los oprimidos significa sintonizar con la voz del Señor que está con ellos y ellas. Esta inmersión lleva a la conversión misionera.

La conversión misionera nos recuerda que no sólo evangelizamos, sino que también somos evangelizados. Los pobres y los oprimidos son los más privilegiados a los ojos de Dios. Son nuestros principales evangelizadores. Nos recuerdan que la vida religiosa misionera es de servicio, no de poder. Sabemos la tentación del poder nos puede llevar, entre otras cosas, a la acumulación de riquezas, la separación de los demás, las relaciones exclusivas, las relaciones malsanas con los poderosos. El Jesús del Evangelio de hoy nos pide que facilitemos, en lugar de bloquear, el diálogo permanente entre Dios y el pueblo de Dios. La conversión misionera nos hace humildes porque sabemos que la misión es de Dios y no nuestra.

La inmersión en la creación

El salmo responsorial nos invita a alabar al Señor por lo que Dios ha hecho. Aunque el salmo habla más de la liberación de los oprimidos, podemos seguir esta invitación para reflexionar sobre la creación. El Dios Trino es el Dios de la creación. Dios está presente en la creación. La creación lleva la firma de Dios. Por tanto, sumergirse en Dios significa también comprometerse con la creación. En su carta, escrita desde San Ruperto, en julio de 1908, seis meses antes de su muerte, San Arnoldo escribe: «Aquí, rodeado de la belleza de la naturaleza… me siento movido a escribir algunos versos en honor de las tres personas divinas…».

La inmersión en la creación nos llevará a la conversión ecológica. La inmersión en la creación nos abre los ojos para ver la belleza de la naturaleza y nos invita a alabar a Dios. También significa darse cuenta del daño causado a la naturaleza por la codicia y el egoísmo humanos. La inmersión en la creación abre nuestros oídos para escuchar el grito de la tierra, nuestra única y común casa. El Papa Francisco nos recuerda que escuchar el grito de la tierra es escuchar el grito de los pobres. Los pobres son los más amenazados por las calamidades naturales. La conversión ecológica es la consecuencia de nuestro compromiso de estar del lado de los pobres. Eso sí, no es sólo una opción, sino una misión innegociable.

Queridas capitulares, hermanas, y cohermanos,

Al sumergirnos en la vida de la Trinidad, nos empoderamos. Dejar que la Trinidad se hunda en nuestra vocación religiosa misionera nos ayuda a superar nuestros miedos y nos anima a cruzar las fronteras de nuestra propia cultura, nacionalidad y religión. Sumergirnos en la vida de la Trinidad nos hará partícipes de la inmersión de Dios en la historia, la realidad de los pobres y la creación. Y con Dios, seremos capaces de transformar el mundo con compasión. Con San Arnoldo, las Beatas María Helena y Josefa y la Generación Fundadora oramos, especialmente durante este Capítulo, para «Que el Dios Uno y Trino viva en nuestros corazones y en los corazones de todas las personas».

Paulus Budi Kleden, SVD