Reconocemos que somos parte de la oscuridad en la Iglesia y en la sociedad. Desde nuestra vulnerabilidad, nos levantamos con esperanza y unidad con el mundo herido y dividido. Nos comprometemos a vivir radicalmente nuestra consagración en comunidades interculturales, internacionales e intergeneracionales.” (XV GC)

Introducción:

La parábola que reflexionamos hoy (Lucas 10, 25-37) es inquietante, porque Jesús dice que el herido era un judío, mientras que el que se detuvo y le ayudó era un samaritano. Este detalle es muy significativo para nuestra reflexión sobre un amor que incluye a todos [independientemente de la cultura, la edad, la nacionalidad, la lengua, la religión].

Al acercarse y hacerse presente, el samaritano superó todas las barreras culturales e históricas. Jesús concluye la parábola diciendo «Ve y haz lo mismo» (Lc 10,37). En otras palabras, nos desafía a dejar de lado todas las diferencias y, ante el sufrimiento, acercarnos a los demás sin hacer preguntas. Ya no debo decir que tengo vecinos a los que ayudar, sino que yo mismo debo ser prójimo de todos.

(Fratelli Tutti, números 81, 82)

(Tomamos unos momentos de silencio para reflexionar sobre estas palabras)

 Oración Inicial

Ven, Espíritu de entendimiento
y supera en nosotras/os todas las barreras.

Ven, Espíritu de encuentro
y construye puentes entre nosotras/os.

Ven, Espíritu de paz
y trae la sanación a nuestros corazones y a nuestro mundo.

Ven, Espíritu de apertura
y rompe la estrechez de nuestros corazones.

Ven, Espíritu de consejo
y muéstranos el siguiente paso.

Ven, Espíritu de conocimiento
y muéstranos el camino a seguir según tu voluntad.

Ven, Espíritu de sabiduría
y profundiza nuestra confianza en tu orientación.

Ven, Espíritu de Amor
y ayúdanos a ser instrumentos de tu bondad.

Ven, Espíritu de discernimiento
y haznos escuchar tu voz y seguir tu camino.

                                                     (Autor desconocido)

 

Palabra de Dios (Lucas 10, 25-37)

Se levantó un legista y Le preguntó, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Jesús le contestó: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?»

Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo.

Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.”

Jesús, entonces, preguntó: ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Jesús contestó: «Vete y haz tú lo mismo.»

  • En silencio (aproximadamente 10 minutos) reflexionamos sobre el texto y la imagen, preguntándonos: ¿Cómo me está llamando Jesús a reconocer y aceptar mi vulnerabilidad personal, a abrazar las diferencias culturales (étnicas, nacionales, generacionales, de género) y a vivir radicalmente mi vida consagrada como SSpS hoy?
  • Padre Nuestro

Oración final

Dios de la ternura y la compasión,
Tres en Uno,
siempre danzando,
siempre amando,
siempre llamándonos a ti,
para unirnos a tu danza…

Nos hemos reunido
y Tú has rezado con nosotras/os y en nosotras/os,
has derramado tu Espíritu en nuestros corazones
has cantado tu música en nuestras almas…

Quédate con nosotras/os ahora, para que…
mientras continuamos nuestro camino de transformación,
podamos llevar tu danza al mundo,
escuchando y respondiendo a tu grito
en el grito de la madre tierra y de nuestros hermanos y hermanas;

Abrazando con pasión tu Misión
en nuestras comunidades interculturales
como testigos de tu bondad y comprensión.

Para que podamos unirnos audazmente a tu danza, Dios del amor,
y ser instrumentos de tu compasión en este mundo.

Hacemos esta oración por medio de Jesucristo, en el Espíritu,

Amen.