Madre Josefa fue una de las que repetidamente enfatizó la importancia del «amor fraterno», la Comunión al Interno de nuestra Congregación. Mirando hoy nuestro mundo y nuestra Congregación, sentimos fuertemente éste llamado a una comunión más profunda. Viviendo juntas como hermanas de tantas nacionalidades y culturas, edades y tradiciones, experiencias e idiomas y colaborando con diferentes congregaciones y organizaciones, es casi imposible alcanzar un sentido de comunión en el que cada una encuentra «una base común». Las opiniones polémicas en la política y en la Iglesia se suman a la diversidad y complejidad de las situaciones de nuestra vida. ¿Es posible llegar a un sentido de comunión en esta diversidad sin caer en la uniformidad? ¿Cómo resistir la tentación de la diversidad que nos lleva a la separación o incluso a la división?

Creemos que el Espíritu de Dios es el Creador de la Diversidad y de la Unidad. Henry J.M. Nouwen, en su libro Tú eres mi Amado: la Vida Espiritual en un Mundo Secular, escribe:

El Espíritu de Dios, el Espíritu que nos llama bienaventurados, es el Espíritu que une e integra. No hay una manera más clara de discernir la presencia del Espíritu de Dios que identificando los momentos de unificación, sanación, restauración y reconciliación. Donde sea que el Espíritu trabaja, se manifiestan tanto las divisiones, como también la unidad interior y exterior.

Pentecostés nos invita, este año de manera especial, a renovar nuestro compromiso como misioneras, servidoras del Espíritu Santo, hacia una comunión más profunda en nuestras comunidades, provincias, regiones y en toda la Congregación. Compartir nuestra fe, nuestra experiencia de Dios, unas con otras, así como la oración personal y comunitaria, puede ayudarnos a tocar la fuente de la comunión en nuestro interior. La experiencia de esta conexión interna en la fe y el carisma nos permite sentirnos en casa unas con otras a pesar de las diferencias que encontramos. Además, la belleza de la creación y todo lo que es bueno y sostiene la vida, proclama la presencia del Espíritu en nuestras vidas y en nuestro mundo. Sólo tenemos que ser conscientes de ello.

La Hna. Teresa Maya, de la Congregación de la Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado (CCVI), una de las exponentes en la reciente Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) durante el tema: Sembradoras de Esperanza Profética, dijo:

«El futuro de la esperanza prometido en Isaías está enraizado en la comunión. La esperanza es un don de comunión».

Queridas Hermanas, espero y hago oración para que Pentecostés 2019 profundice nuestra comunión entre nosotras para que podamos ser Mujeres de Pascua, Sembradoras de Esperanza.

«Dios nos ha reunido para que seamos un solo corazón y una sola alma. No seríamos verdaderas Siervas del Espíritu Santo si no practicáramos la caridad fraterna». (Beata Madre Josefa)

Hna. Maria Theresia Hörnemann SSpS  – Roma