Pentecostés 2020

«Los discípulos, al ver al Señor, se llenaron de ALEGRÍA».

 Jn. 20, 20

 

No tenía intención de escribir un mensaje de Pentecostés este año, porque, «de acuerdo a lo planeado” en este tiempo estaríamos celebrando nuestro 15º Capítulo General en la Casa Madre en Steyl. Pero en estos días, nada es «de acuerdo a lo planeado». La mayoría de nosotras estamos asiladas en nuestras respectivas provincias/regiones, mientras que otras no pueden regresar a sus lugares de misión debido a las actuales restricciones de los viajes. Muchas reuniones y programas, incluyendo nuestro 15º Capítulo General, han sido aplazadas o incluso canceladas. Al mismo tiempo, hemos aumentado nuestra capacidad de comunicación en línea, para organizar diálogos y reuniones tanto individual, o como equipos de liderazgo u organizaciones. Nos estamos habituando a las clases en línea tanto profesores como estudiantes, a las compras en línea, e incluso a las liturgias y celebraciones en línea.

Estoy segura de que todas ustedes recuerdan las significativas imágenes y gestos del Papa Francisco durante la Semana Santa y la Pascua, como él nos invitó a todos a permanecer unidos en oración y en solidaridad con los enfermos, los pobres y los marginados. Individualmente y como comunidades, provincias y regiones, estamos dedicando tiempo adicional a la oración, pidiendo a Dios que ayude a la humanidad para que termine esta pandemia, para proteger a los médicos, enfermeras y a todos los que trabajan de la salud, para que esté con nosotros mientras nos esforzamos por evitar la propagación del virus manteniendo el distanciamiento social y siguiendo las normas dadas por los gobiernos.

A veces nos sentimos abrumadas por las noticias diarias sobre el índice de nuevas infecciones y muertes en nuestros propios países y en todo el mundo. Pero también nos damos cuenta con gratitud de la creatividad de tantas personas que expresan sus sentimientos y solidaridad en acciones concretas. En medio de todo lo que está sucediendo, la creación no parece estar afectada negativamente por la pandemia. Por el contrario, los árboles y las plantas se ven más verdes que nunca, el cielo es azul y las aguas son más claras. Podemos escuchar mejor los sonidos de las aves y otros seres vivos porque el ruido del tráfico es menor.

En esta realidad, nos estamos preparando para Pentecostés. Más que nunca, anhelamos sentir la presencia del Señor Resucitado en todo lo que experimentamos para darle sentido. En el Evangelio del domingo de Pentecostés, leemos: «Los discípulos, al ver al Señor, se llenaron de Alegría». Jesús entró en su comunidad, a pesar de las puertas cerradas, llevándoles paz, alegría y el poder para perdonar. No les permitió quedarse atrapados en sus miedos y preocupaciones, en sus experiencias dolorosas de sufrimiento y muerte, sino que los animó a salir con la fuerza del Espíritu Santo.

Queridas Hermanas, pidamos al Señor Resucitado que nos renueve nuevamente para que también nosotras podamos reconocerlo en medio del sufrimiento y la muerte, el miedo y la incertidumbre y en toda la creación. Para que con la paz y la alegría en nuestros corazones seamos capaces de llegar a los necesitados con esperanza, entusiasmo y creatividad, cada una según sus circunstancias y capacidades. Gracias por todos sus esfuerzos para ser una presencia que sana nuestro mundo herido. Tener tiempo de oración ante el Señor es tan importante como el contacto con las personas aisladas en soledad y tan valiosa como aceptar pacientemente las consecuencias del distanciamiento social. Sus esfuerzos son profundamente apreciados ya sea creando pequeños proyectos para ayudar a los pobres y necesitados; organizando nuestras instituciones para brindar ayuda profesional a las personas afectadas por el virus; manteniendo y protegiendo un entorno protegido para nuestras hermanas mayores y enfermas, o haciendo equipo con otras organizaciones y nuestros compañeros de misión. ¡Gracias!

Que en todo esto, experimenten la profunda alegría de los discípulos al reconocer la presencia del Señor Resucitado en medio de ellos.

Les deseo un bendecido Pentecostés 2020 lleno de alegría para todas ustedes, sus familias, amigos y compañeros de misión,

Hna. Maria Theresia SSpS