He sido privilegiada al visitar a nuestras hermanas en Ucrania del 1 al 6 de octubre de 2022. Fue un tiempo de gracia y muy intenso. Quisiera llevarlas conmigo mientras recuerdo mi peregrinación en Ucrania. Así este podremos valorar, apoyar y orar por nuestras hermanas que sirven al pueblo en este precioso aunque sufrido país.

He llegado al aeropuerto de Krakow en la tarde del 1 de octubre. Las hermanas Maria Martha y Katja, me buscaron y trasladaron desde el aeropuerto a Ucrania.

Mis primeras impresiones son de un país vasto, hermoso y muy fructífero. Las espesuras están en colores de otoño. Los campos de trigo, maíz y girasoles son enormes y la tierra es oscura y muy fértil. Ucrania es uno de los principales productores de trigo en el mundo y, bajo condiciones normales, juega una parte importante en el alimento seguro para el mundo. Las rutas son amplias y están en buenas condiciones, al menos en la parte que ahora no está afectada directamente por la guerra.

Esa tarde, nos paran varias veces a lo largo del viaje. Ocasionalmente, antes de entrar a un pueblo o ciudad, necesitamos pasar algún puesto de control militar, o vemos bloqueos a los lados de la carretera intentando detener los tanques rusos.

Nuestras hermanas han decidido quedarse con la gente

El pueblo ucraniano se levanta contra la invasión de Rusia y está decidido de defender su país. Son muy valientes, así como también nuestras hermanas que han decidido quedarse con la gente, permaneciendo tanto dentro como fuera del país o en Polonia. Algunas sirven en Ucrania a muchos que están huyendo de las zonas devastadas hacia otras regiones u otros países. Les proveen de colchones, alimento y medicamentos. Otras hermanas se trasladaron a la frontera polaca para ayudar en la situación con los refugiados, acogiendo a mujeres y niños agotados, viendo a padres e hijos despedirse en circunstancias dramáticas. Mientras las mujeres y los niños son llevados a refugios seguros, los hombres deben volver a tomar las armas.

La situación es extremadamente complicada. Muchas familias son mixtas, por ejemplo, el padre es ucraniano y la madre rusa, o bien, de Bielorrusia. Uno de nuestros parroquianos tiene dos hijos que desde hace años están viviendo en Rusia y son soldados profesionales. Ellos deben luchar en contra de Ucrania.

Un domingo en la mañana, asistimos a misa en nuestra parroquia en Verbovets. Después de ello, me reúno con algunos parroquianos. Entre otros, converso con una mujer cuyo nieto era monaguillo en nuestra parroquia y a quien nuestras hermanas vieron crecer. A Zenia lo mataron a la edad de 24 años, una de las primeras víctimas de la guerra. Su abuela aún está en profundo dolor.

La iglesia ortodoxa está dividida: Esta la Iglesia Ortodoxa Rusa, que está en alianza con Rusia y Putin y está la Iglesia Ortodoxa Ucraniana Independiente, la cual está separada de la Iglesia Ortodoxa Rusa y está, por supuesto, del lado de Ucrania. Las líneas de conflicto muy menudo pasan por las familias y tensan las relaciones.

Tenemos una comunidad en Kyiv. Una hermana me muestra esta hermosa ciudad con antiguas iglesias ortodoxas, la plaza de la Independencia donde comenzó la revolución de Maidan en 2014. Veo un océano de banderas azul y amarillo. Cada bandera se alza por cada persona que dio su vida en la lucha por la libertad. Veo un enorme muro conmemorativo con miles de fotografías de bellos hombres y bellas mujeres. Ellos/as nacieron en los 70´, 80´ y 90´. Todos/as han partido de este mundo en esta guerra sin sentido. Es desgarrador.

La parte más difícil del viaje es cuando visitamos la zona de Bucha e Irpin que había sido ocupada por los rusos. La destrucción y las atrocidades que se cometieron son inimaginables y en contra de toda condición humana.

Se ven las heridas visibles de edificios destruidos y un cementerio de vehículos calcinados. Sin embargo, lo más grave son las heridas internas de las masacres y la crueldad al azar. El pueblo está profundamente traumatizado. El cementerio de Irpin con sus cientos de tumbas frescas da testimonio de la multitud que ha fallecido. ¿Para qué? ¿Para defender la tierra? No. Una de nuestras hermanas me corrige: “Por la libertad, por la libertad para elegir nuestra forma de vida.”

Una de nuestras hermanas se está quedando en Borodianka, un pequeño pueblo cerca de Irpin. Visitamos una zona con casas-contenedores. Este es un acomodo de vivienda temporario, hecho de muchos contenedores de envío como los que se usan en los camiones y trenes para el transporte de carga. Una organización polaca ha construido esta vivienda para uso de emergencia de quienes han perdido todo en el bombardeo. Varios cientos de personas están viviendo aquí juntos, puerta a puerta con poco espacio.

Las personas temen al frío invierno porque los contenedores no están hechos para las temperaturas bajo cero. Muchos de estas personas han perdido su trabajo y sus ingresos. Es una situación desafiante donde los conflictos fácilmente surgen entre los habitantes.

En Kiev y en Khmelnytskyi escucho la alarma de advertencia en la mañana. Nuestras hermanas y la gente no reaccionan. Las personas se acostumbraron tanto a estas alarmas que ya sencillamente las ignoran y siguen su trabajo. Después, leemos en las noticias que dos cohetes habían impactado la zona de Khmelnytskyi. Uno cayó en un campo abierto y el otro hizo algunos daños a un edificio, pero, gracias a Dios, no a las personas.

En Kiev y en Khmelnytskyi escucho la alarma de advertencia en la mañana. Nuestras hermanas y la gente no reaccionan. Las personas se acostumbraron tanto a estas alarmas que ya sencillamente las ignoran y siguen su trabajo. Después, leemos en las noticias que dos cohetes habían impactado la zona de Khmelnytskyi. Uno cayó en un campo abierto y el otro hizo algunos daños a un edificio, pero, gracias a Dios, no a las personas.

Encuentro con las hermanas

Tengo la oportunidad de encontrarme con todas nuestras hermanas en las diferentes comunidades que actualmente están en el país. Tenemos conversaciones profundas acerca de la situación, cómo nuestras hermanas viven la situación, cómo las desafía en su forma de vivir, sobre su comprensión de nuestra misión y cómo las afecta espiritualmente. Es increíble, pero nuestras hermanas expresan claramente que ellas se han hecho más fuertes y valientes en las situaciones más difíciles. Ellas están explorando nuevos apostolados – por ejemplo, el pueblo de casas-contenedores, el servicio es a los refugiados y a los soldados.

Después del choque inicial y de lo impensado que esté sucediendo esta guerra en el siglo 21, las hermanas se volvieron muy activas – ofreciendo refugio y otros elementos esenciales para la vida para quienes se desplazan.

Ahora la situación comienza, de algún modo, a normalizarse. Nuestras hermanas y la gente aprenden a vivir con la situación y trata de sacar lo mejor de todo esto. Queda la gran inseguridad: ¿cómo se desarrollará la guerra? Y ¿cuándo terminará? ¿cuándo habrá paz nuevamente? Y lo seguro es que hay una gran necesidad de lidiar con el trauma, la pérdida y la tristeza de la guerra, lo que será una tarea también cuando se depongan las armas.

 

Conclusión:

Me siento profundamente conmovida por la valentía de nuestras hermanas y cómo están lidiando con esta difícil situación. Ellas realmente han crecido en un ambiente muy adverso y se mantienen sirviendo al pueblo. Todas desean quedarse y estar con su gente. Para ellas y para el pueblo ucraniano, esta guerra es una lucha no solo por su tierra sino por la libertad de elegir su forma de vida.

Que nuestro Buen Dios proteja a nuestras hermanas, lleve a fin esta terrible guerra y conceda la paz y prosperidad a Ucrania.

Hna. Miriam Altenhofen, SSpS – Coordinadora General