Trinidad: una vida en el amor y la unidad

 

  A nosotros, humanos limitados, no nos es posible comprender el misterio de la Santísima Trinidad. Nadie, ni siquiera los grandes filósofos, ni los teólogos como San Agustín o Santo Tomás de Aquino, ni los grandes científicos como Albert Einstein han podido captar este gran misterio. El autor del Libro de Job en el cap. 11 dijo: «¿Puede alguien penetrar en los profundos designios de Dios?».

Todo lo que podemos hacer es reconocer y adorar al Único Dios Trino. En realidad, ésta es la mayor necesidad y el mayor anhelo de nuestros corazones. Lo poco que hemos aprendido sobre la Santísima Trinidad es que existe un gran vínculo de amor y unidad entre las tres Personas como un solo Dios; en otras palabras, son una comunidad.  El Padre nos amó apasionadamente y creó para nosotros un mundo hermoso. El Hijo estuvo dispuesto a morir por nosotros y así redimir nuestro mundo herido extendiendo sus brazos sanadores y abrazadores en la cruz. El Espíritu nos santificó y preparó una habitación en el corazón de cada uno de nosotros para el Santo Dios Trino.  Somos «creados por amor», «redimidos por amor» y «alimentados por amor». Nuestro origen, nuestro destino y nuestra presencia están profundamente enraizados en el amor de la Santísima Trinidad.

Nosotros, las Siervas del Espíritu Santo, honramos a la Santísima Trinidad de una manera muy especial. El deseo de nuestro fundador, San Arnoldo, era que la Trinidad penetrara en nuestras vidas y se convirtiera en un modelo de amor mutuo y unidad en nuestras comunidades y en el mundo entero.  Hemos sido enviados para dar a conocer, amar y glorificar al Santo Dios Trino en todos los pueblos. Así, cuanto más practiquemos el amor y la unidad en nuestras comunidades, en nuestras familias, en nuestro entorno, más viviremos la Trinidad no como un misterio incomprensible, sino como una realidad viva y vibrante.

Unidos por este amor y esta unidad, veremos que, a pesar de nuestras personalidades y diferencias individuales, podemos vivir y trabajar juntos, es más, podemos amarnos y vivir en unidad a pesar de la diversidad de culturas, lenguas y rasgos de carácter. Comprenderemos que, a pesar de nuestras diferencias en nuestros carismas, carreras, responsabilidades, podemos colaborar y construir valores nuevos y duraderos para el futuro del Reino de Dios. Sólo si permanecemos unidos en el amor con todos nuestros hermanos y hermanas, nuestras múltiples personalidades se convertirán en nuestra fuerza, en lugar de ser nuestra debilidad o la causa de nuestra desintegración. Sólo así podremos ofrecer al mundo un signo más concreto de nuestra vivencia del misterio de la Trinidad. No siempre es fácil, pero es posible, porque Dios no espera de nosotros que seamos perfectos, sino que sigamos intentándolo contra viento y marea. Que el Santo Dios Trino viva en nuestros corazones y en los de todas las personas. Que esta Santa Trinidad, a la que honramos y adoramos sinceramente, nos ayude a alimentar el amor y la unidad.   Amén.

¡Les deseo a todas una bendecida fiesta de la Santísima Trinidad!

Hna. Katarina Pavelova, SSpS