La Misionera Sierva del Espíritu Santo de Steyl, Hna. Ortrud Stegmaier, de la Provincia de Wiesloch, Alemania, vive en Roma desde hace 50 Años. Fue la primera mujer en recibir un doctorado en Teología, en la Pontificia Universidad Gregoriana.  Ella presentó la causa, para el proceso de beatificación de las dos cofundadoras de la congregación. Pero ella nunca fue una misionera in China…Una visita con el Jubileo de Diamante.      

Hoy, la Hna. Ortrud Stegmaier es una bendecida de 85 años. Habito blanco, postura recta y cuando ella cuenta su historia, hay de vez en cuando un destello de picardía en sus ojos. La visitamos en Vía Cassia, en las afuera del norte de Roma, donde se encuentra la sede de las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo.

“Esta es una profesión que no te das a tí misma, pero, a la que te sientes cautivada” Esta es la forma en que describe la Hna. Ortrud, cómo abordó el tren en su ciudad, por primera vez sola, en el sur de Alemania, para unirse a la Congregación Misionera de las Siervas del Espíritu Santo en Steyl, Holanda. ¿Cuántos años tenía ella? Quince años.

“Y mi padre, definitivamente, no quería que fuera, “¿porqué steyl de todos los lugares? ¡Te enviarán a China…!” Y lo primero que nos dijeron cuando llegamos a Steyl, “¡Tienes que aprender a tomar agua caliente, de lo contrario, no puedes ir a China! Y yo inmediatamente comencé a tomar agua caliente para poder ir a China. “

La Hna. Ortrud viajó a América Latina, África y Asia durante sus 60 años de Vida Religiosa, pero nunca a China. De la misma manera, no tomó el camino clásico como misionera. Estaba destinada a realizar trabajo intelectual. Como hermana joven, estudió teología en Münster and Freiburg. Entre sus profesores Maravillosos estaban: Metz, Kasper, Rahner -«Me deje llevar por completo”- y Ratzinger

“¡Si! Y era, un muy buen profesor. Pero, estudié en un momento, en que no se estudiaba teología. Y eso es, porque fue, durante el concilio. Entonces el Profesor Ratzinger ya nos había dicho, “Para el material de hoy, desafortunadamente, no tengo nada Católico para ofrecerles”

Nada católico – sobre una base de caso por caso, los protestantes también fueron invitados a introducir a los estudiantes la teología. Esto, no fue exento de ciertos riesgos, como lo recuerda la Hna. Ortrud. “Todo el mundo recibió una carta del Obispo Höffner, que anteriormente fue profesor y luego paso a ser Obispo, “ahora necesitarán literatura protestante para sus estudios de teología. Si sientes que estás teniendo problemas allí; tú mismo estás obligado a parar, cuando descubras que algo va mal” y leí muy bien esa carta. Después de todo, yo misma tenía esta obligación. Y luego encontré a un maravilloso profesor de teología protestante. Cuando examiné su trabajo, me di cuenta: Este es otro mundo. Y así, nunca más lo toqué. Consecuentemente, me di cuenta de que incluso los sacerdotes habían dejado al comenzar ese tema”

La Iglesia Católica de la década de 1960, necesitaba una reforma – de eso se trataba el concilio, al que Joseph Ratzinger, más tarde Papa Benedicto XVI, asistió cuando era un joven teólogo. Y cuando la Hermana recuerda hoy sus propias expectativas del concilio, ¡no eran tan asombrosas!

“No tuve dificultades con mi Iglesia. Es por lo que, no busqué cambios devastadores. Se escuchó de la necesidad de cambios y lo afirmo yo también…”

Doctorado en lugar de pollos y conejos

Porque todavía todo era nuevo y reciente, ella hubiera deseado cuidar pollos y conejos en el convento, pero se la permitió estudiar. En Münster dice la Hna. Ortrud, todavía que, en su tiempo, por la década del año 1960, la mitad de los estudiantes de teología eran mujeres. “Sí, los alemanes no éramos tan sensibles a eso”, comenta seriamente. Sin embargo, cuando completó sus estudios, su congregación, con sede en Holanda, Steyl, no tenia en ese momento un lugar adecuado para una hermana tan educada.

Así es como la Hna. Ortrud llegó a Roma y a la Pontificia Universidad Gregoriana. En la renombrada Universidad Jesuita, fue la primera mujer en obtener un Doctorado en Teología. Escribió sobre “La contribución de las hermanas a la actividad misionera en el Sudeste asiático.”  Para ello, realizó investigaciones de campo en Indonesia, Filipinas e India. Recuerda el tremendo calor, pero sobre todo recuerda a sus hermanas y las realidades de la vida en esos países, lo que le ayudó a entender, qué es la Iglesia Universal y qué es la Misión.

Una Valija con Instrucciones

Ella se graduó en Mayo de 1973 y con su doctorado en el bolsillo, la Hna. Ortud Stegmaier fue confiada con un rol muy especial en su comunidad Religiosa. “Me dijeron: “Arriba hay un aposento, tu habitación con una valija sobre la mesa. Lo abres y lees lo que hay en él y entonces sabrás como hacerlo”. y con eso, me nominaron postulador. Y luego leí y leí.

Postulador significa: aquel que acompaña los procedimientos de la beatificación.  La Hna. Ortrud, llevó a cabo dos de ellas para su congregación, cuyo nombre oficial es “Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo”. Fueron para las dos cofundadoras de la Congregación, la Madre María Helena Stollenwerk y la Madre Josefa Stenmanns, que trabajaron al lado del Fundador Arnoldo Janssen. Las causas corrieron paralelas. Muchas Hermanas instaron a la Hna. Ortrud a acelerar su trabajo y contarles muchas cosas sobre las veneradas Madres; pero esto era difícil, porque ambas habían escrito muy poco.

“¡Queremos saber algo sobre nuestras Madres! ¡Por qué no escribes algo! Dijeron. Pero, siempre necesité hechos. Para el Vaticano necesitaba hechos”. Y los hechos llevaron a la meta: Madre María Helena, fue beatificada por Juan Pablo II en 1995 y la Madre Josefa por el Papa Benedicto XVI en 2008.

Una Misionera es una Mujer que renuncia a sí misma.

Jubileo de Diamante de Profesión – 60 años de Vida Religiosa; En Junio, la Hna. Ortrud estuvo con el Papa Francisco, en la primera fila durante la Audiencia General. Porque lo que hay que celebrar, se debe celebrar.

“Le dije, Santo Padre, pido una bendición para un niño enfermo, para nuestra Superiora General y para todas las Hermanas. Fue entonces cuando me puso una gran cruz en la frente”.

Una misionera, es una mujer que renuncia a sí misma. La Hna. Ortrud, de 85 años, abordó el tren a los 15 años para convertirse en misionera.

Nunca hice la obra misionera en su sentido literal. Sólo en el entendimiento moderno: la forma en que me comporto, tiene un efecto en los demás. Esa es, mi misión”.

 

La Primera Mujer Estudiante, del Doctorado de Teología en la Universidad Gregoriana, Celebra 60 Años de Vida Religiosa